viernes, 9 de septiembre de 2011

LA SIERAN VARADA

El viento de Poniente ha dejado varada sobre la playa una hermosa sirena, esta mañana, con la bajamar… Hermosa criatura donde las haya, con sus tremendos ojos negros y su larga melena, ha vuelto a sentir la necesidad de experimentar la caricia del sol, el calor de sus rayos… incluso aunque supusiera volverse temporalmente humana, cuando se le secase por completo la cola… Por supuesto, no es lo más normal presenciar que las aguas depositan sobre las arenas una hermosa criatura, mitad pez, mitad humana, cada una de ellas por separado un proyecto de hibridación genética, mas por separado, ninguna de las dos sirve de mucho… aunque siempre podrías comerte la cola…



Hubo un tiempo durante el cual mucha gente se sentía medianamente cabreada o molesta con las hijas de Poseidón (sobre todo las hembras menos agraciadas), puesto que emergían a la superficie desnudas, ¿acaso existen sirenas que salgan con la ropa puesta? Y el mayor problema, especialmente, era que los varones humanos se prendaban de tan hermosas y descocadas criaturas… y como las sirenas tampoco se distinguen por su abstinencia, era frecuente verlas apareándose sobre la arena de la playa… y lo que salía después, cualquiera sabe…


Por eso, el sector más discreto y el más radical de la iglesia hizo difundir numerosas octavillas, en las que decían: “Sirenas, vale, de acuerdo… pero vestidas”… Durante cierto tiempo, en las arenas de Cádiz, se dejaban por la noche, en el límite superior de las aguas en la pleamar, unos hermosos conjuntos, a la par que recatados, para que las sirenas al salir de su medio y secarse la cola, tuvieran algo que ponerse…



La idea era buena… lo malo era que se parecía más bien a un “burka” o a una falda de mesa camilla, que a una prenda juvenil, por lo que se las distinguía de todas formas por la playa, y no estaban cómodas… También les dejaron bañadores de cuerpo entero, pero versión premamá, para evitar las tentaciones…



Y de nuevo se vieron sirenas desnudas… y varones en celo… La solución fue considerarlas lo que eran: hermosas mujeres adolescentes, que deseaban divertirse un poco, flirtear con los humanos, y poco más… ¿Y qué tipo de ropa se pone una adolescente? Pues un bikini hermoso, moderno, y si añades una bolsa con unas chanclas, un pareo a juego, y una toalla de playa, mejor que mejor…



Por eso, desde hace varios meses, en las playas de Cádiz es muy frecuente observar a exquisitas adolescentes, maravillosamente proporcionadas, con un bikini negro… que tiene en el lateral derecho de la braga una concha de color blanco… Y estas jóvenes se pasan el día paseando, tomando el sol, descansando y disfrutando el sonido del mar… De vez en cuando, se mojan los pies con sumo cuidado, pero ellas, hasta que regresan al mar por la noche, procuran mantenerse lo más alejadas posible de su otro ambiente… Y por la noche, dejan sus bolsas de tela, con bikini, chanclas y toalla, colocada tras la torre del socorrista, y entonces, emprenden una carrera alocada hasta el agua, se zambullen, y regresan a su forma… Y nadan, hasta la siguiente excursión… En algunas ocasiones, le entregan el equipo a sus compañeras, que tomarán el relevo por la mañana, pero casi siempre, perpetúan las normas…


Esta mañana, me he sentado junto a una hermosísima sirena de larga melena negra, piel muy bronceada por el sol, y un bikini negro que cortaba la respiración… ¿O sería por su cuerpo, exquisitamente perfilado? Incluso hemos hablado algún tiempo, me dejó sentarme a su lado, y recorrió la silueta del tatuaje de dragón en mi espalda… Caminamos un rato, en silencio, escuchando el murmullo del viento, del mar… Nuestras manos se rozaban de vez en cuando… hasta que me decidí a coger su mano izquierda, y luego puse mi brazo en torno a su cintura… Un rato después, de nuevo en la toalla, la besé en los labios, y no le molestó… Pero tampoco pasó nada más… Me quedé a su lado todo el tiempo que pude, mas tuve que regresar al mundo real… Y cuando le pregunté por su nombre… “Elvira”… me sorprendió muchísimo que fuera el de mi primer amor

LA LEYENDA DEL CABALLERO GRIS

No cabía la menor duda: el Caballero Gris era el amo y señor de la comarca, el rey a todos los efectos sobre un territorio tan grande como el que podía recorrer con su caballo en varias jornadas, porque nadie se atrevía a poner en duda su autoridad, y su Ley... Señor de su castillo, que tenía a bien compartir con su suegro (un error del que a menudo se arrepentía), su esposa (que vivía sojuzgada a su voluntad), y sus dos hijos, un varón (que con el paso del tiempo se volvería una decepción) y una hembra (siempre la más débil)...

El Caballero Gris ejercía un importante cargo en la Corte Real: era el barbero, dentista y "médico" oficial de los Reales Bufones, y en ocasiones muy contadas, de los Consejeros... y dicen que una vez se encargó de sajar dos forúnculos en el Real Trasero, hecho tan señalado que lo había mandado ilustrar por los monjes de un convento cercano, con las palabras: "El Caballero Gris y el forúnculo del Real Trasero", que colocó en la estancia de su castillo que le servía de despacho y consulta. Tres veces por semana, pero solo con cita previa mediante mensajero y pergamino un mínimo de veinticuatro horas antes, recibía a sus acaudalados pacientes. Su mejor arma seguía siendo un preciado grimorio que heredó de su padre, y una traducción de las lecciones y remedios de Avicena. Los otros dos días de la semana se desplazaba a la corte, casi siembre los martes y jueves, aunque si se recibía un mensajero de los barones, duques, nobles y personas de alta cuna y noble condición, podía considerar un leve cambio de hábitos...

Su palabra era La Ley, puesto que él traía la mayor cantidad de los ingresos (monetarios y de influencias), pero esto cambió cuando su suegro, antiguo recaudador de impuestos, comenzó a pagar la educación de sus dos hijos... y su mujer descubrió que poseía un increíble talento para las matemáticas, y era consultada a menudo por los dueños y señores de múltiples palacios y castillos... El Caballero Gris no podía quedarse atrás, "por mi honor y por mi honra...", pues de ninguna manera podía consentir que los otros dos miembros de la familia ganasen más que él...

De carácter fuerte, dominante y decidido, era poco dado a los sentimentalismos, apreciaba la lectura, la música de juglares y trovadores, y en muchos aspectos, no era mala persona, daba grandes voces, aterraba a la familia, carecía de amigos, y los que tenía, eran por parte de su mujer... Él no lo sabía, pero estaba enfermo, y eso explicaba sus cambios de humor, su furia ciega... En su favor también hay que decir que su infancia fue atroz, que sus padres murieron muy temprano, su abuela lo maltrataba, y que recuperar el castillo familiar había sido una ardua tarea...

Más temido que respetado, y sintiéndose en el fondo tan solo, intentaba conseguir que al menos sus hijos siguieran sus pasos, dedicaba muchos esfuerzos en transmitir sus pasiones y conocimientos, que actualizaba cada cierto tiempo con reuniones de otros galenos en la Corte, o bien regresando a su alma máter, la Universidad de Salamanca...

Su hijo le decepcionó al no seguir sus pasos por pusilánime, y pese a haber frecuentado la mejor escuela de juglares, terminó trabajando de sicario para un señor feudal de otra provincia; y su hija, también fue una decepción, pero menos, pues daba clases de francés (la más reciente moda de la Corte) a los hijos de familias acomodadas...

El Caballero Gris falleció a la provecta edad de sesenta y cuatro años, tras una larga y dolorosa agonía... Pretendiendo ser un rey en su castillo, murió como un tirano enfermo, al menos, tal era la visión que tenía de él su hijo, de quien llevaba mucho tiempo distanciado por su oficio... a quien había transmitido su incapacidad de amar... Dramática herencia...

Y cuentan que su espectro vaga por por los pasillos, subterráneos y pasadizos, lamentándose en voz baja: "Si hubiera amado más... Si hubiera demostrado más cariño... Si me hubiera quitado yelmo y celada al entrar en casa... Si no hubiera tenido tanto miedo de querer y ser querido..."

Solo con el paso del tiempo, el hijo comprendió un poco mejor a su padre, al temible Caballero Gris de fulgurante cólera y pétrea armadura... puesto que llevaba el camino de convertirse en lo que más odiaba: una persona de corazón fosilizado... por miedo a ser herido... y a ser amado...

LA HECHICERA

Me hablaron, hace algunos meses, de una dulce Hechicera, cuyos ojos y labios, al convertirse en tierna mirada y pícara sonrisa, eran capaces de devolver la vida a cualquier corazón... Harto de no sentir odio ni amor, de la nada cotidiana y del insulso todo, emprendí el viaje hacia su lejano reino, y hacia mi helado corazón...


Rey sin reino, sin corona, pero con casta y exigente dama, en mí debía cumplirse la profecía, y volver con un corazón fuerte, que no tuviera miedo de amar, ni de sentir, ni de soñar... Rey Vassili me llamaban, por mis constantes cavilaciones, cada vez que tenía que adoptar una decisión, que pudiera implicar algún mal... o algún bien... realmente, me aterra tomar decisiones, por eso tengo siempre algún buen consejero que las toma por mí...





Por ello, emprendí el camino, una suave mañana de abril, hacia aquél reino lejano, dominado por una Hechicera, tan peligrosa y tan letal... Un pastor en el camino intentó que cambiase de opinión, "pues si duro es no sentir nada, mucho peor era, según decían, la empatía total: un árbol cae en el bosque, y sientes la tristeza por cada una de sus raíces, que son bruscamente arrancadas de la tierra; un halcón alcanza una paloma torcaz en el aire, y sientes a la vez muerte y triunfo; si pescas en un torrente, no podrás comer luego tu presa..." Cansado de sus dislates, le agradecí sus consejos con una moneda, y continué mi viaje hacia el lejano reino... Tendría que haberle prestado más atención, pero eso lo descubrí mucho más tarde...





Muchos días más tarde, con la montura agotada de tanto viajar, en mitad del páramo encontré una muestra más de su tremendo poder: los restos momificados de otro caballero, sobre una losa de piedra, y sobre su escudo profanado con su sangre, se leían estas palabras: "Muerto por amor"... Pensé que era una exageración... hasta que me acerqué al cuerpo, y pude comprobar que no tenía ninguna herida visible, y que en su mano derecha guardaba un pañuelo de gasa lavanda, que todavía conservaba un levísimo perfume, de incienso, mirra, azahar y almizcle... Un tiempo después, me contaron la historia completa de tan triste y lóbrego caballero, y la tristeza se mezcló con la repugnancia y el miedo, al enterarme.... bueno, pero eso es otra historia...



Comenzando el mes de mayo, vislumbré a lo lejos un palacio en ruinas, más bien una antigua abadía levantada por gigantes, de altísimos muros negros, torres tambaleantes, majestuosos arcos sosteniendo el cielo, y viejas lápidas de granito y mármol, restos de un venerable cementerio arrasado por la Naturaleza y por el viento... En el patio de justas, se estaba celebrando un combate a muerte, mas un silencio espectral, pesado y tenso, reinaba en el recinto, donde solamente se escuchaba la respiración de los caballos, el retumbar de sus cascos, la madera de las lanzas al quebrarse contra el pecho del contrario, y el sonido del cuerpo forrado de hierro al impactar contra el suelo. Acercándose al caído, el vencedor alza su mandoble, y como respondiendo a una orden ciega desde el palco, la clava a escasos centímetros de su oponente, para después, humilde como un penitente, recoger un beso lanzado al aire por una figura envuelta en velos grises y negros... Algunos meses más tarde, los dos caballeros cuya lid había presenciado se embarcarían en la mayor búsqueda de toda la Humanidad... pero eso es otra historia...



Había alcanzado mi destino... y lo que más despertó mi curiosidad, incluso en aquél primer momento, fue la ausencia total y absoluta de mujeres en la Abadía. Ninguna entre el público, pero tampoco en las cocinas, en los comedores, en los huertos ni en los jardines, ni tan siquiera lavanderas... Solamente había hombres, y la mayor parte de ellos tenían algún tipo de mutilación o herida, especialmente cortes de cuchillo en la cara, algún brazo roto y mal soldado, y más de uno arrastraba renqueando una pierna... A los dos días, comprendí por qué era tan calamitoso su estado: peleaban, casi a diario, por alcanzar los favores de aquella hechicera... Mas no había, en apariencia, ningún contacto físico, ella permanecía lejana, y los más furibundos combates eran por una sola mirada de sus ojos hechiceros, o por una sonrisa de sus turgentes labios...


Princesa, diosa y reina a la vez, ella se alzaba sobre todos nosotros, postrados en adoración a sus pies, envuelta en sus velos grises y negros... Sí, es cierto, todos la amábamos, todos la deseábamos... pero al mismo tiempo, nos manteníamos al margen, pues dos negros torbellinos, pusátiles como un ser vivo, mas al mismo tiempo incorpóreos y de tremenda fuerza, la protegían en todo momento... ¡Y pobre de quien no respetara su espacio vital, pues creciendo con increíble rapidez, lo absorbían con caballo, armadura y lanza si era necesario, y lo lanzaban más allá de los decrépitos muros exteriores de la abadía! Así nació, posiblemente, la leyenda del caballero volador, que aplastó al caer del cielo a la hermosa princesa, y quedó perdidamente enamorado del dragón... pero esa es otra historia...
Era cierta la leyenda, sobre la manera en que la hechicera despertaba el corazón en todo aquél que la contemplase, y todos los caballeros, incluso los más duros, suspiraban cual damiselas cuando ella recorría salones y pasillos, de camino al campo de justas... Bueno, más de uno realmente era una damisela, disfrazada de escudero, para intentar controlar las andanzas de su andante caballero...
Los días se sucedían inmutables: por la mañana, despertábamos del lugar donde habíamos pasado la noche, generalmente el patio y el ala este de la abadía, y recogíamos nuestras pertenencias; luego, los sirvientes traían un gran caldero de gachas, y lo repartían entre todos nosotros, mientras otro equipo nos ofrecía alguna bebida caliente; tras esto, nos acercábamos al terreno de justas, y se decidían los combates de la mañana; después, nos reuníamos todos en el gran comedor para almorzar, algo de carne, e ingentes cantidades de repollo, nabo y patatas; por la tarde, una reparadora siesta; y antes de cenar, una nueva justa, mas esta vez poética, y los rudos caballeros volvían a suspirar cual doncellas (algunos incluso bordaban); tras la cena, a dormir... Al cabo de dos semanas, ya estaba harto, y con diez victorias a mis espaldas (y otras tantas derrotas), decidí que era necesario acercarme más a ella, pues al margen de alguna que otra comezón en el pecho, que posiblemente se debiera a la falta de higiene personal, pues entre tanto suspirar, pelear y componer, apenas si quedaba tiempo para el aseo, no había comprobado si ella podía curarme de mi mal... y hacerme sentir otra vez...
El famoso Caballero Mofeta, que a duras penas podía mover el peso de su armadura, de tanto tiempo como llevaba en la abadía, comentaba que solamente en dos ocasiones en todo el año, ella se quedaba sola, sin sus guardianes, pues necesitaba restaurar sus energías y sus fuerzas, con un baño ritual de purificación, a la luz de la luna, en la más alta torre... También comentaba que él la había visto sin sus ropajes, emerger de la pila de piedra, mas... ¿quién iba a hacer demasiado caso a alguien que anunciaba su presencia con su hedor, a más de veinte metros a la redonda, y que por si fuera poco, afirmaba que la tierra no era plana? Como faltaban todavía algunos meses para el solsticio, y ya estaba un poco aburrido de perder miserablemente el tiempo, siempre lejos de la supuesta bella (que de momento solamente había visto de lejos, y por partes), decidí irme de wakabout, y recorrer otras tierras, conocer otras gentes... pues en verdad, de tanto hacer el vago, le había cojido algo de gusto a dejar en manos de mi reina y de sus consejeros los asuntos diarios... Durante mis erranzas en solitario, a lomos de mi fiel caballo, y con la mula para llevar el equipaje, pescando en ríos y lagos para alimentarme, y cazando en el bosque pequeños animales, encontré algunos curiosos personajes, como los Caballeros del No, enemigos encarnizados de los Señores del Ni... todos ellos fieros y excelentes guerreros, si no fuera por su manía de luchar con almohadas de plumas en medio del claro, menos una vez que un Ni metió en la funda un guantelete de hierro... pero eso es otra historia...
Faltando dos semanas para el solsticio, me despedí de mis alegres compañeros del bosque, y regresé a la abadía... Había incluso más gente que antes, y ni las inclemencias del tiempo ni lo magro de la comida parecían tener importancia para los demás caballeros, pues casi todos ellos afirmaban que por una sola mirada de nuestra hechicera, te quedarías enganchado para siempre, y jamás dejarías aquél terreno sagrado... Poco tiempo después, el Caballero Mofeta me dió un consejo: "Escóndete con tiempo en la más alta torre, métete dentro de una de las hornacinas, y tíñete la ropa y el cuerpo con grasa y carbón. Mas antes comprueba que desde tu lugar, puedes ver claramente la pileta de piedra, llena de agua de lluvia y de rocío..." Y eso hice, aquella tarde del veintiuno de diciembre, mientras los demás caballeros se dedicaban a las justas poéticas, yo prefería acechar a quien nos había robado el seso y el corazón...
Sin espada, coraza ni escudo, camuflado entre la negrura de la hornacina, observé el movimiento de la luna sobre la superficie rielante del agua... Faltando unos minutos para las doce, apareció ella... No la entrar, mas en un parpadeo, estaba allí, quitándose lentamente los velos grises y negros, y los blancos, hasta quedarse finalmente con una camisola transparente, que poco ocultaba bajo la luz de la luna... Cabello largo y negro, piel de nácar, ojos profundos, labios turgentes y rojos, miembros largos y espigados, el sueño más físico de cualquier caballero... Mas en aquél momento, cuando vestida todavía por la camisola, avanzó un paso más hacia la pileta, se escindió en dos, pues de aquél cuerpo níveo y virginal, surgió el retorcido fantasma de una vieja hechicera, negro sobre negro, pulsando contra el viento...
Y las dos se giraron hacia mí a la par... y sus bocas se abrieron al unísono, y de ellas surgieron estas palabras: "¿Ya estás satisfecho, príncipe Vassili? ¿Ya has cumplido tu deseo? ¿Tu corazón late de nuevo? Mas has de saber que toda visión tiene dos caras, como lo que has visto esta noche en mí... Amarás de nuevo, es cierto, pero solamente a mí... Hasta que no hayas recorrido medio mundo, hasta que no hayas contado tu historia diez mil veces, nunca serás libre... Y cuando hayas cumplido tu penitencia, volverás a mí, y te liberaré..."
Y esta es mi historia... Han pasado quince años, no tengo esposa, ni reino, ni consejero... Ya he contado nueve mil novecientas ochenta veces el relato, por lo que dentro de poco tiempo, podré volver a la abadía, coincidiendo con el solsticio de primavera, donde ella me espera... Pues lo que nunca cuento son sus últimas palabras: "O te haré por siempre mío, siempre joven, si cumples la promesa..." Aunque también es posible que dijera: "Y cuando regreses a mí, te mataré... para que dejes de sufrir por mi ausencia..."

Pero eso es otra historia...

sábado, 27 de agosto de 2011

QUERIDO LUZBEL...

Nunca se me han dado bien las despedidas... por eso, igual que con "Linda", prefiero escribirte una carta... que igual entenderás ya en este momento... o en cualquier otro que consideres oportuno...

¿Cómo te puedes despedir de un espíritu guía, de un amigo que ha estado a tu lado en los do años más duros de toda tu vida hasta el momento, y que quieras o no, siempre ha encontrado el maullido, la palabra o el gesto exactos, para hacerse entender?

¿Cómo admitir que tu tiempo en esta vida "humana" y "felina" se está terminando, mientras que el mío todavía continuará de manera más prolongada?

Sobre todo, ¿cómo puedo hacerte comprender que no ha sido tuyo el fallo, que contra el amor que se muere y el reino de la indiferencia; la lucha a muerte entre creencias religiosas, formas de vida y de muerte; y sobre todo, la ausencia de esperanza, no podías hacer más de lo que has hecho?

Y no poder hacer nada, salvo mirarte, como nunca antes lo había hecho: como un alma, igual que la mía, atrapada en un cuerpo fruto del azar... A veces, creo que nadie más en esta semi-desolada casa (alusión a Charles Dickens) se ha dado cuenta, hasta ahora, de tu estado... Ya no puedes mover casi las dos caderas traseras, ni agacharte para lamerte el pecho, o las patas delanteras.. Hace semanas que no subes de un brinco a las sillas del comedor, que trepas por el bazo del sofá...

La desesperación de ser solamente un juglar de las palabras, con algo de reiki, y algunas intuiciones, pero nada más...

Y escucharte, casi todo el día, maullar su nombre, a tu manera... "mamaauuu..." frente a una puerta que ya nunca te abre... Claro, el mío es muy largo, lo sé... Te despista el olor a incienso del despacho, y del comedor, donde he quemado un poco esta mañana... espero que te lleves bien con el colgante de lapislazuli, en vez de ese horror de cascabeles que aguantas toda la vida... mañana iré a buscarlo...

Y me dsespera, también, ver cómo te pasas casi todo el día y parte de la noche mirando por la ventana del salón, hacia el jardín, hacia el sol y la vida, que solo recuerdas en su versión limitada... Escucho "Moon River", en la versión del trompetista Clifford Brown.. y temo que sea el último regalo de esta noche..

El primero ha sido ese festival de círculos alrededor de mis piernas, formando ángulos de protección, y enroscándote en mi regazo... El segundo, cuando me has dejado ganarte en un duelo de parpadeos (la primera en doce años desde que nos conocimos)... El tercero, al acercarte a mis manos, que me ardían... Y el cuarto, cuando has respondido a aquél extraño nombre, que he susurrado tres veces desde el otro extremo de la cocina, hacia el salón... Y has venido casi corriendo... y casi te caes... despatarrándote como cuando jugábamos hace años en el pasillo de Espíritu Santo...

"Luzbel"... sí, un poco extraño para un gato... pero no para un espíritu guía: quiere decir bella luz... pero con el apellido, creo que te lo inventaste sobre la marcha, me hiciste reír "aunque puedes llamarme Clarence... como aquél otro ángel..."

Me has dejado acunarte unos minutos entre los brazos, y luego te he llevado al sofá... Luego, he comenzado a escribir el relato, y he recordado un enorme llamador de ángeles de color azul cobalto, con los símbolos del yin y el yang en relieve blanco y negro... y lo he colgado del asa de tu cuna...

Querido Luzbel... o Clarence... solo puedo decirte una cosa...

Gracias...




martes, 14 de junio de 2011

LA CIUDAD DEL OLVIDO

No queda ya un solo rastro de aquella casa, de la que tanto se hablaba en la ciudad hace más de cien años... ni siquiera de la ciudad misma. Era un extraño lugar, no tanto por su apariencia, la de cualquier otro pequeño palacete, preservado por altas murallas, y en cuyo centro se encontraba una fuente. Era un elemento natural, se dice que el jardín y el palacete se construyeron directamente a su alrededor, y no al revés, y que un naranjo, y un limonero, ellos mismos centenarios, protegían siempre sus aguas de la luz del sol. Nadie tenía muy claro el motivo, si era por las aguas ligeramente sulfúricas, la sombra de los dos árboles, sus hojas y los pétalos de sus flores, pero lo cierto era que si bebías un sorbo de aquél agua, te podías olvidar de la última hora de tu vida...

¿Olvidar, para qué? Muy sencillo, para sentirte un poquito más libre, pues también lo olvidaban aquellas personas con las que habías estado durante aquél tiempo... Por eso, no era de extrañar que, si en mitad de las negociaciones por la compra de un rebaño de camellos, si el vendedor pensaba que sacaría un precio más elevado haciendo que el comprador olvidase las taras y defectos de los animales (joroba chata, patas endebles...), acudía presuroso a la fuente del olvido, bebía un solo trago, y renegociaba, consiguiendo un precio más alto... Sucedía lo mismo si un mal estudiante no había memorizado las lecciones de anatomía: alteraba los recuerdos del profesor, y de sus compañeros, y cambiaban el examen de día...  Pues aquella era la propiedad secundaria de la fuente: quien bebía de ella, recordaba lo sucedido, aunque un segundo trago borraba sus recuerdos...

La casa era pública, un bien de todos, el acceso gratuito, hasta que un avispado comerciante, llamado Solimán Al Muftí, decidió quedarse con la casa, bebiendo la suficiente cantidad de agua, para que todo el mundo olvidase la verdad sobre la fuente, es decir, su carácter público y gratuito, y él pudiera embotellar el agua en pequeños "Frasquitos del olvido", permitiendo a la gente comprarlos a cambio de una moneda de oro o dos de plata... Por supuesto, para que su plan funcionase, era necesario beberse una enorme cantidad de agua... Después de tres días con sus noches bebiendo (y orinando) sin parar, y comprobando que sus conciudadanos olvidaban partes de su vida... A las dos semanas, presentó un documento ante el representante del califa, justificando su propiedad... Siguió bebiendo otra semana, y reclamó la propiedad de la ciudad...

Lo que Solimán Al Muftí ignoraba era que, al haber menguado tanto el caudal del agua y por culpa de una sola persona, el olvido, la ausencia de recuerdos en todos sus conciudadanos sería absoluta, y permanente... mientras que su memoria también había sido modificada por el agua, y él jamás podría olvidar un solo detalle ni de su vida, ni la de los otros... Agobiado por su mala conciencia, sobre todo porque se había aprovechado de algunas mujeres jóvenes y adolescentes, Solimán Al Muftí pidió la ayuda de varias personas para arrancar los dos árboles, con lo que la fuente perdió sus propiedades, y él convirtió la casa en una escuela, para enseñar cosas de la vida, de sus vidas, a sus conciudadanos...

Con el paso de los meses y de los años, todos ellos retornaron a la normalidad, Solimán se disculpó ante los demás y se preparó para las represalias... Sin embargo, por sus cuidados, su paciencia y el cariño que mostró con ellos, y su arrepentimiento, le nombraron "El Guardián de la Memoria"... aunque tuvo que reconocer la paternidad de cuatro hijos, y casarse con aquellas mujeres... y perdió cualquier derecho sobre la ciudad y sobre los bienes que había adquirido ilícitamente...

Y desde entonces, siempre hubo un Guardián en la ciudad del olvido... hasta que fue tragada por las arenas del desierto... y de la fuente nunca más volvió a manar agua...



lunes, 13 de junio de 2011

BAILANDO CON UN HADA

Llueve... Las gotas rebotan, débiles explosiones de realidad, sobre el asfalto... y salpican una calle que no podría estar más mojada, ni siquiera convirtiéndose en el escenario de una nueva versión de "Cantando bajo la lluvia"... ¿Recuerdas aquella interpretación, magistral, de Gene Kelly? Sin embargo, aquí no hay mucho que ver... Y, aunque lo vieras, no te pararías más de un minuto...

Un pequeño cadáver se estremece con las gruesas gotas... Sus brazos y sus piernas no podrán soportar demasiado tiempo la fuerza del agua... Pero a nadie le importa... Total, seres como él, hay demasiados... y nadie se preocupa ya por los sentimientos de las hadas... Sí, es un hada quien agoniza: ha sido embestida por un coche, cuando acompañaba la gota seis mil doscientos treinta y tres, en su viaje desde las alturas... Pero ya nadie cree en las hadas, ni en el poder curativo de la lluvia, y de esa manera, se desperdician totalmente...

Todo era muy distinto, centenios antes... Cuando aquellas extrañas criaturas, relativamente nuevas en el planeta, se reunían, en noches de luna nueva como ésta, para honrar a los dioses... La magia de los círculos de setas... de los cielos de piedra... Nacieron los constructores, y llenaron la Tierra de monumentos a la Diosa Madre, de piedras que se alzaban hacia las nubes... Muchos nombres, muchas razas, pero en el fondo, la misma Diosa, la misma Vida, los viejos cultos y religiones que no fallaban... porque ellos sabían... ellos conocían las fórmulas secretas, los rituales, las invocaciones...

Y también las conocían a ellas, a las Mensajeras de la Vieja Madre... Anjanas, Xanas, Criaturas del Aire, Hijas del Viento, de la Noche, Hadas... Distintos nombres, misma función: acompañar los deseos de los Hombres, elevarlos donde reside la Diosa, y traer de vuelta las respuestas, las bendiciones... No es fácil ser Hada en estos tiempos... ¿Quién iba a saber que la verdad reside en los cuentos para niños?¿Cómo admitir, con nuestra mente racional, que si no creemos en ellas, pueden morir?

Las Hadas ya no son lo que eran, no tienen casi fuerza, se camuflan entre la lluvia para alcanzar a los mortales... Pero no están a salvo de los coches... Hace varios minutos, quizás diez, que un hada se ha estrellado contra el cristal... He frenado lo antes posible, aparcando en doble fila, y he salido corriendo, a buscarla... No pesa casi nada, sus alas de mariposa están preñadas de lluvia, y su pequeño cuerpo palpita con miedo entre mis manos... ¿Qué hacer con ella?¿Cómo sanarla?

Mas por ella no se puede hacer ya nada... Se está quedando sin fuerzas... y sólo me dice cuatro palabras... "Entiérrame... bajo el rosal..." Hay un jardín a pocos metros... Y, en uno de los pocos lugares iluminados por las farolas, veo un rosal, blanco... El pequeño, minúsculo, cuerpo del hada, pesa de repente muchísimo entre mis manos... la muerte... La deposito sobre el césped, envuelta en una hoja de hiedra que he arrancado al pasar, mientras excavo un pequeño agujero, arañando la tierra con las manos... con el ánimo pesaroso por haber causado, involuntariamente, su muerte...

El agujero es ya lo bastante profundo, deposito tu cuerpecito en la fosa, digo algunas palabras... Y me aparto, pesaroso... Me alejo por el camino, pero me detengo al escuchar un ruido extraño, al ver una luz... La imagen se quedó grabada en mi retina: donde antes había un rosal, y la tumba de un hada, veo una silueta femenina, bailando bajo la lluvia, y en los movimientos de su cuerpo intuyo otra realidad... En la media luz, preñada de sombras, veo que está ejecutando la ancestral danza, y conozco el sentido de sus pasos, de sus giros y gestos... Desde lejos, la observo, esquiva silueta de humo y carne...

¿Se ha convertido el hada en humana, ha vuelto a la vida por haber sido enterrada bajo el rosal?¿Habría pasado lo mismo si yo no hubiera intervenido en los últimos minutos de su vida? Al principio, no quiero acercarme, pues tengo muy presente que sin mi intervención, no habría muerto... Pero ella me llama, dice mi nombre en un jardín de rosas, ¿cómo lo ha sabido?... y no tengo más remedio que acercarme... y me besa... En aquél momento, pienso que no hay mujer más hermosa que ella, bajo la lluvia... mientras comienzo a bailar... con un hada...


ELEVACIÓN Y CAÍDA

"¡Escuchadme, escuchadme bien, queridos hermanos! Porque esta mañana, a primera hora, el milagro ha sucedido... Una vez más, uno de nuestros hermanos ha conocido la Elevación, y la Caída, los dos fundamentos de nuestra fe... Repitamos, antes de el relato del hermano Zacarías, nuestra oración... Repitámosla a coro, con toda nuestra pequeña alma..."

¡Oh, tú, Gran Salvador Misericordioso! Me llevarás a pastar en verdes praderas, y evitarás que me aplasten las grandes bestias, jamás me pondrás en una cazuela, ni me harás daño al soltarme. ¡Oh, tú, Gran Salvador Misericordioso, no te olvides de mí, en los momentos de tribulación!

Hermano Zacarías, cuéntanos tu historia....

"El fallo fue mío, estaba siguiendo un rastro apetecible, y me alejé de los confines de nuestro territorio, atravesando la valla de las Diez Mil Puertas... Me confié, sin darme cuenta, estaba sobre la hierba... en medio del desierto gris y estéril... Por si fuera poco, percibía que estaba llegando el alba, y con la fuerte lluvia de la noche anterior, dentro de nada empezaría la Caza.. Y ya sabéis lo que significa para nosotros la Caza: confinamiento, hambre, padecimientos sin fin...

Por eso, esta mañana, cuando sentí los pasos de uno de Ellos, no pude evitar un escalofrío, y pensé que había llegado mi última hora... Y cuando aquellas enormes extremidades tiraron suavemente de mi cuerpo, intenté aferrarme al suelo, segregar todo el líquido posible, porque aquellos podrían ser mis últimos momentos de vida...

Recé a nuestro Gran Salvador Misericordioso, para que preservase mi vida, a cambio de difundir su mensaje de paz y amor... Muy lentamente, ascendí en el aire, y pude sentir su calor, y su olor... Y luego, me depositó con gran suavidad sobre una mata de hierba, al otro lado de las Diez Mil puertas..."

"Hermanos y hermanas, esta es la historia del Hermano Zacarías "El Elevado" En este reino, muchos son los que han perecido bajo los pies de los humanos, o en las fauces de perros y gatos... Debéis tener cuidado, no arriesgaros... porque no siempre os encontrará el Gran Salvador..."



ESTA MAÑANA, MIENTRAS IBA AL TRABAJO, HE VISTO UN CARACOL EN MITAD DE LA ACERA... ME HA DADO PENA QUE ALGUIEN PUDIERA PISARLO... Y COMO SIEMPRE, LO HE COGIDO MUY SUAVEMENTE, Y LO HE DEPOSITADO SOBRE UNA MATA DE HIERBA, EN EL SOLAR... NO HABRÉ TARDADO NI UN MINUTO... EN SALVAR UNA VIDA...









Y ME SIENTO BIEN...