Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vida. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de septiembre de 2011

PALABRAS DEL VIEJO TROVADOR

Con un último esfuerzo de testaruda voluntad, el trovador reordena sus marchitas ideas, recuerdos de miles de minutos que murieron, con la esperanza de revivir, en algún corazón, aquellos sentimientos de perdida felicidad... que durante tantos años ha ido acumulando sobre sus frágiles hombros... La juventud, la niñez, la madurez, han dejado su huella, grabando profundos surcos en la cara interna de su corazón, aunque nadie, salvo él mismo (y posiblemente su gato Chiqui) puede verlo...


Y por eso, él se toma unos segundos, y trata de distinguir en las penumbras los rostros del público, que ha venido, en aquella tarde de verano, en el filo del ocaso, para escucharle... y recuerda... y, después de subirse lentamente al taburete de madera iluminado por el foco de luz blanca, comienza a hablar...



"Hoy no habrá canciones... ni música... no me acompañará mi vieja guitarra... Y como veis, tampoco hay músicos en escena... Prefiero contaros una sencilla historia... mi historia... la de mi vida, mis amores, soledades, ausencias... Cuando yo era mucho más joven e inocente, pensaba que la vida era mucho más sencilla, que todo era blanco o negro, sin matices medios, ni medias verdades... La vida, esa amante esquiva y casquivana, que siempre te hace pensar en el mañana, en lo que está por venir, o en lo que irremediablemente has perdido... de forma tal que nunca tienes tiempo de aprovechar el presente... la vida, os decía, no ha sido del todo mala conmigo... Quizás porque a grandes rasgos he aprendido a olvidar todas aquellas cosas, personas o momentos que me han hecho daño...



Atrás quedaron los confusos años de la infancia, la soledad, los miedos (a la oscuridad, al silencio, a defraudar a los demás, al "qué dirán...") y las añoranzas... Un buen día, opté por borrarlo todo, lo bueno y lo malo... y quizás por eso, únicamente entre brumas percibo el rostro del primer gran amor, aquellos momentos robados al futuro, mis sueños de eternidad... con ella... Un extraño bálsamo que mana de mi corazón reparte pequeñas dosis de felicidad por todo mi cuerpo, saturándome de dulces mentiras y de futuros aleatorios e imposibles...



También he ido dejando al margen todos los futuribles, las maneras en que mi vida podría haber cambiado si hubiera tomado otras decisiones, algunas de ellas tan minúsculas, o tan limitadas en el tiempo, que parece mentira que su efecto haya sido tan fuerte, tan devastador sobre el resto de mi vida... Escoger una carrera distinta, medicina por ejemplo... No cambiar de destino en el ejército... Tener más confianza en mí mismo en el periódico... Apostar por aquella emisora de radio que empezaba su andadura... Aunque las más importantes, las que realmente podrían haber cambiado todos mis presentes, se resumen en pocas palabras... "Si ella me hubiera querido..."



"Ella"... Siempre ha habido una "Ella" en mi vida, en mis pasados, presentes y futuros... Esa persona especial, que con una sola sonrisa, transformaba en mañana de primavera cualquier ventosa y gélida noche de invierno... Que con una sola mirada, hacía latir más fuerte mi corazón... El tacto de una de sus manos en mis mejillas, me devolvía las ganas de vivir... Y su dulce y afrutado aliento, en mi nuca, me hacía alcanzar las nubes, como si quisiera enlazar la luna y ponerla a sus pies...



He tenido la gran suerte de haber disfrutado de siete "Ellas", y todas me han ido dejando algo en herencia... Innumerables charlas en banco de instituto... La dulzura de algunos músicos italianos... Alguna carta de amor... El refugio de sus inmensos ojos negros... El roce de su brazo... La tersura de una mejilla dorada por el sol... La magia de la fotografía en blanco y negro... La dulzura de una sonrisa... Siempre en el limbo de la amistad y el amor... En el territorio fronterizo... Entre el "quiero" y el "puedo"...



Hasta que la encontré a ella... Mi amiga... Mi compañera... Mi amante... Mi mujer... De alguna manera, todo cambia, cuando por fin encuentras alguien que te quiere solamente por lo que eres, y no por lo que podrías haber sido... Fueron sus enormes ojos tristes, en el limbo del verde y el marrón, los que me hicieron fijarme en ella... Siempre le dije que a mí quien me gustaba era su amiga, aquella primera vez... pero creo que desde aquél primer encuentro, nuestros destinos quedaron ligados, para bien o para mal... Supongo que eso es algo que ya no tiene demasiada importancia, cuando todo forma parte de la historia antigua...



Antigua, porque en todos estos años, nos hemos ido amoldando, descubriéndonos día a día, pero sin perder la capacidad de sorprendernos... Te das cuenta de hasta qué punto es importante una persona en tu vida, cuando llega un momento en el que es "Ella" la única que acude a tu memoria en los buenos, pero sobre todo, en los malos momentos... haciendo que sean un poco más fáciles de digerir... y mitigando el dolor con una caricia, una mirada, un beso... que tu corazón sea un poco más loco y bandido que antes... y puedes beber de sus labios el bálsamo del olvido...



Olvido, en ciertas ocasiones, de todo... de los sueños rotos... las ocasiones perdidas... los futuros imperfectos... las ansiedades inconfesables... Y memoria... de amaneceres entre las sábanas... de su cabello repartido por toda la almohada, como una aureola... de íntimos gemidos y pequeños jadeos... de besos robados en la puerta del tiempo... de sueños y anhelos aún no cumplidos...



De todos estos anhelos, de estos proyectos no realizados... solo hay uno que realmente me duele... El no haber tenido un hijo... Se me van los ojos detrás de las embarazadas... Me detengo cuando veo el carrito de un bebé, y atisbo en su interior, quien sabe si buscando en él los rasgos del que podría ser nuestro niño: el pelo negro, los ojos verdes o marrones, la piel muy blanca, las manitas pequeñas pero muy fuertes... Ya he mirado carritos de bebé en internet, y tronas, y bañeras, y cambiadores... La habitación ya está reservada, y pintada en azul bebé... y en nuestro dormitorio hay sitio de sobra para la cuna... Casi puedo imaginar su gateo... El sonido de sus primeros pasos...



Aunque de momento, los únicos pasos que resuenan en el pasillo son los de Chiqui, nuestro gato... Que de "increíble gato cojín" ha pasado a "increíble gato puff"... y como siga engordando, terminará siendo "el increíble gato sillón"... No sé, igual es algo que solo pueden entender los gatófilos, aquellos humanos que se han decidido a compartir su vida con uno de esos tigres en miniatura, que te acechan desde debajo de las sillas... o se suben de un salto a la cama, en mitad de la siesta... y cuyo extraño ronroneo, de alguna manera, nos da paz...



Paz, como la que encuentras en aquellas personas que escoges para que te acompañen a lo largo de tu vida... presencias cambiantes o permanentes, que te amparan, te escuchan, te dan fuerza... No en vano dicen que "los amigos son la familia que uno escoge" y, muchas veces, te acompañan en las negras soledades del alma... y comparten también contigo los amaneceres de la paz, y los arco iris de la esperanza... Mas, aunque a todos intentas quererlos por igual, siempre habrá uno hacia el cual vuelen tus pensamientos... Tendrás una persona muy especial, que ocupe un lugar de honor en tu corazón... Yo la tengo, y sin ella, mi vida no sería completa... Pues gracias a las dos, mi mujer y mi amiga, alcanzo el tan ansiado equilibrio... Y sigo adelante, con mis deseos, y mis esperanzas...



Espero que todos vosotros tengáis una "Ella"... o un "Él"... que os acompañe en vuestro caminar... que os dé fuerzas, al mismo tiempo que os haga sentir protegidos... y fuertes y poderosos a la vez... Que llegaréis a conocer la plenitud del verbo amar... Para que algún día, al miraros al espejo del alma, quizás en los estertores de vuestra vida, podáis decir tres palabras... "He sido feliz..." Y con esto, os dejo, en una noche sin luna ni estrellas, salvo la Cruz del Sur, que siempre vela por los amantes..."



Y con estas palabras, el viejo trovador se bajó del taburete lentamente, y sus ropas negras se fundieron con el fondo del escenario, mientras se perdía entre bastidores... Y entonces, en aquél momento perfecto... comenzaron los aplausos...

viernes, 9 de septiembre de 2011

LA LEYENDA DEL CABALLERO GRIS

No cabía la menor duda: el Caballero Gris era el amo y señor de la comarca, el rey a todos los efectos sobre un territorio tan grande como el que podía recorrer con su caballo en varias jornadas, porque nadie se atrevía a poner en duda su autoridad, y su Ley... Señor de su castillo, que tenía a bien compartir con su suegro (un error del que a menudo se arrepentía), su esposa (que vivía sojuzgada a su voluntad), y sus dos hijos, un varón (que con el paso del tiempo se volvería una decepción) y una hembra (siempre la más débil)...

El Caballero Gris ejercía un importante cargo en la Corte Real: era el barbero, dentista y "médico" oficial de los Reales Bufones, y en ocasiones muy contadas, de los Consejeros... y dicen que una vez se encargó de sajar dos forúnculos en el Real Trasero, hecho tan señalado que lo había mandado ilustrar por los monjes de un convento cercano, con las palabras: "El Caballero Gris y el forúnculo del Real Trasero", que colocó en la estancia de su castillo que le servía de despacho y consulta. Tres veces por semana, pero solo con cita previa mediante mensajero y pergamino un mínimo de veinticuatro horas antes, recibía a sus acaudalados pacientes. Su mejor arma seguía siendo un preciado grimorio que heredó de su padre, y una traducción de las lecciones y remedios de Avicena. Los otros dos días de la semana se desplazaba a la corte, casi siembre los martes y jueves, aunque si se recibía un mensajero de los barones, duques, nobles y personas de alta cuna y noble condición, podía considerar un leve cambio de hábitos...

Su palabra era La Ley, puesto que él traía la mayor cantidad de los ingresos (monetarios y de influencias), pero esto cambió cuando su suegro, antiguo recaudador de impuestos, comenzó a pagar la educación de sus dos hijos... y su mujer descubrió que poseía un increíble talento para las matemáticas, y era consultada a menudo por los dueños y señores de múltiples palacios y castillos... El Caballero Gris no podía quedarse atrás, "por mi honor y por mi honra...", pues de ninguna manera podía consentir que los otros dos miembros de la familia ganasen más que él...

De carácter fuerte, dominante y decidido, era poco dado a los sentimentalismos, apreciaba la lectura, la música de juglares y trovadores, y en muchos aspectos, no era mala persona, daba grandes voces, aterraba a la familia, carecía de amigos, y los que tenía, eran por parte de su mujer... Él no lo sabía, pero estaba enfermo, y eso explicaba sus cambios de humor, su furia ciega... En su favor también hay que decir que su infancia fue atroz, que sus padres murieron muy temprano, su abuela lo maltrataba, y que recuperar el castillo familiar había sido una ardua tarea...

Más temido que respetado, y sintiéndose en el fondo tan solo, intentaba conseguir que al menos sus hijos siguieran sus pasos, dedicaba muchos esfuerzos en transmitir sus pasiones y conocimientos, que actualizaba cada cierto tiempo con reuniones de otros galenos en la Corte, o bien regresando a su alma máter, la Universidad de Salamanca...

Su hijo le decepcionó al no seguir sus pasos por pusilánime, y pese a haber frecuentado la mejor escuela de juglares, terminó trabajando de sicario para un señor feudal de otra provincia; y su hija, también fue una decepción, pero menos, pues daba clases de francés (la más reciente moda de la Corte) a los hijos de familias acomodadas...

El Caballero Gris falleció a la provecta edad de sesenta y cuatro años, tras una larga y dolorosa agonía... Pretendiendo ser un rey en su castillo, murió como un tirano enfermo, al menos, tal era la visión que tenía de él su hijo, de quien llevaba mucho tiempo distanciado por su oficio... a quien había transmitido su incapacidad de amar... Dramática herencia...

Y cuentan que su espectro vaga por por los pasillos, subterráneos y pasadizos, lamentándose en voz baja: "Si hubiera amado más... Si hubiera demostrado más cariño... Si me hubiera quitado yelmo y celada al entrar en casa... Si no hubiera tenido tanto miedo de querer y ser querido..."

Solo con el paso del tiempo, el hijo comprendió un poco mejor a su padre, al temible Caballero Gris de fulgurante cólera y pétrea armadura... puesto que llevaba el camino de convertirse en lo que más odiaba: una persona de corazón fosilizado... por miedo a ser herido... y a ser amado...

lunes, 13 de junio de 2011

PRUEBA DE AMOR VERDADERO

Me enamoré de un hada, la primera noche de luna llena, de un lejano mes de enero... Y, desde aquél momento, mi vida ha sido... no sé... muy distinta... Yo tenía miedo a las criaturas de la noche, a los entes mágicos, a la Santa Compaña, a las sorguiñas, y a tantas cosas que, en el fondo, no comprendía... Dicen que la gente de pueblo es muy supersticiosa, que disfrazamos de sentido común lo que no es otra cosa que pura cobardía, y quizás tengan razón... pero solo en parte... Hay "cosas" en los pozos, y "cosas" en los lagos", y "cosas" entre las raíces de los árboles, y "cosas" en el viento de la noche... Por eso, lo mejor es quedarse en casa, con la puerta y las ventanas atrancadas, encender la radio a pilas (que a nuestro caserío jamás llegó la luz eléctrica, ni mucho menos la televisión), y entre las descargas de la estática, escuchar algún programa de música clásica...

Ya no soy joven, ni mucho menos... pero, sin embargo, un día me cansé... de tenerle miedo a todo, de que el mismo bosque que yo recorría durante la mañana y la tarde, en el que conocía por su nombre casi a todos los animales, plantas, rocas y regatos, se volviera en un territorio no solamente inhóspito, sino peligroso, para tu salud, y para tu cordura... Hay criaturas que te roban el alma si las miras a los ojos... Otras, que te pueden volver imbécil si sorprenden tu reflejo en el agua... También hay ninfas, unas criaturas de una belleza tan sublime, parientes de los elfos, que te roban el alma... Eso, por no hablar de las Hadas, así, con mayúsculas, quienes en el fondo, son las más peligrosas... porque, entre otros factores, son increíblemente coquetas... y tremendamente conscientes de su poder, fragilidad y belleza...

Yo tendría quince años, por aquél entonces, y ahora tengo más de sesenta y cinco... Una noche de luna llena, la primera del mes de junio, salí de mi casa por la ventana de atrás... Las casas de mi pueblo son todas iguales: de recia piedra fraguada con mortero, dos habitaciones, mas un comedor y cocina, donde se encuentra la chimenea... Hasta hace poco tiempo, no teníamos cristales, solo unas recias contraventanas de madera, igual de bastas que las puertas, meros troncos de árbol partidos por la mitad y atados entre sí con recias sogas... Al tratarse de una reserva natural, y de un entorno que goza de la máxima protección, nuestro pueblo, que antaño tenía cien habitantes, empezó a morir lentamente... a medida que lo hacían sus moradores, por lo que el lugar más "animado" de los alrededores era el cementerio... Antaño hubo un bar, donde reunirse, tomar un licor, un vino, pero también terminó cerrando... por defunción...

Lentamente, los campos se fueron quedando en barbecho, los "jóvenes", salvo yo, se marcharon a cualquier parte, y Villar del Cid se convirtió en un lugar extraño, donde solo residían los fantasmas de los muertos, algunos de ellos capaces incluso de mantener una conversación coherente, pero sobre todo interesados en recordar "aquellos tiempos mejores, donde el pan era pan... y las mujeres, de verdad". Una vez a la semana recorría a pie los tres kilómetros y medio hasta el siguiente pueblo, Villar del Monte, que con sus cincuenta habitantes actuales sigue siendo uno de los más poblados de la comarca... Allí vienen, cada dos semanas, dos autobuses, llenos de turistas, que buscando "el encanto de la auténtico", están dispuestos a pagar incluso veinte o cuarenta euros, por una estatuita de madera, que imita las viejas diosas de la zona... o los cuerpos esculturales de las hadas...

Mi nombre es Sebastián Leal Gutierrez, dentro de poco cumpliré, los sesenta y cinco años, pero todavía hago mis excursiones al otro pueblo, para comprar mis suministros, y las pocas cosas que no soy capaz de obtener de mi pequeño huerto... Tenía quince años la primera vez que descubrí un hada... era una noche de luna llena, lo recuerdo muy bien, y yo me había escapado de casa por la ventana de mi habitación, mientras mis padres dormían en la otra cámara... cosa de la que estaba seguro, por los atronadores ronquidos de mi madre y de mi padre (los de ella, parecían suspiros de una oveja... pero los de mi padre eran los de un verraco de doscientos kilos... a veces, incluso ahora sigo oyéndolos)...

Cogiendo el camino de la derecha, el que va a las profundidades del Bosque Negro, llegué a la Laguna del Hada... Era curioso, de día, era uno de tantas pequeñas pozas, que se alimentaban con el agua de lluvia, y posiblemente algún pequeño manantial subterráneo, o afluente del Río del Olvido... Lo que hacía diferente la Laguna del Hada era que, siempre, en cualquier día del año, incluso en el más cálido, su agua estaba fresca... y tu imagen nunca se reflejaba...ni siquiera cuando te inclinabas para beber en el cuenco de tus manos...

Si tenías mucha mala suerte, verías el reflejo de la criatura más bella del mundo, de una hermosura tal, que si la mirabas apenas dos segundos, te robaría el alma, para siempre... y jamás serías capaz de pensar en cualquier mujer... que no fuera ella... Es lo que me ocurrió aquella noche…

¿Cómo os la podría describir? Primero, aparecieron sus ojos, de un intenso verde esmeralda, que reflejaba toda la luz de la luna... Eran unos ojos imposiblemente grandes, para algo tan pequeño... y sus pestañas, desde debajo del agua, causaban pequeños remolinos de burbujas... Su piel, tan blanca y perfecta que a su lado, el fulgor de la luna era una mala copia... Su nariz, maravillosa, y tratas de apartar la mirada, porque sabes que, si la miras, si te fijas en otros detalles de su cuerpo, sus labios turgentes, sus blanquísimos dientes, su grácil cuello... jamás podrías librarte de ella...

Y yo, con la sabiduría de mis quince primaveras, solo pensaba en una cosa, en sacarla de su tumba de agua, porque es lo que ella me estaba pidiendo... que la ayudase a salir de su tumba de agua, de su cárcel... Sí, es cierto, antes había sido un hada mala, disfrutaba desorientando a los cazadores en sus actividades, había causado un par de muertes, pero siempre, por accidente... al menos, eso es lo que me decía, lo que me susurraba... y yo... no pude resistirme: hundí las manos en el agua, y con mucho cuidado, como si estuviera manejando el más fino y delicado de los cristales, la saqué del agua... ¡Era tan pequeña, que su cuerpo entero cabía en el hueco de mis manos, mis pobres manos, tan destrozadas por el trabajo de la piedra, de repente, parecían enormes... Y ella, tan diminuta, y tan exquisitamente perfecta... un precioso cuerpecito

Por cierto, las hadas son muy tímidas, al menos ella, Florinda, lo era... y casi siempre, son partidarias de transmitir ideas y sentimientos por telepatía antes que hablar... Pasé la noche con ella, absorto en sus recuerdos, de toda una vida, que sin embargo, abarcaría la de una decena de humanos, pues ellas son casi inmortales... Y la vi, en su nacimiento, y cómo lentamente se fue desarrollando, estudiando magia y hechicería, en un lugar muy parecido a Hoggarts, pero sin tanta diversión: se reunían en un claro del bosque, sobre un círculo de setas nacidas de la última lluvia... Un poco después, en lo que para nosotros fueron muchos años, se centró en otros aspectos de la Alta Magia, como los cambios de forma, las mutaciones, los conjuros...

Florinda no era mala, no... solo era traviesa... Por eso, disfrutaba asustando a los humanos, "ayudándoles" a perderse en el bosque, confundiendo sus sentidos, con olores imposibles, sombras, siluetas... No olvidéis que las hadas, si lo desean, pueden cambiar de forma, casi siempre un cervatillo, pero también, en mujeres reales de tremenda belleza... Su vida era sencilla y placentera... hasta que se enamoró de un cazador... Es el tabú más grave de todos: enamorarse... El sexo no está bien visto, no hay riesgo, pero el amor es otra cosa...

Florinda se enamoró de Massimo, hasta el punto de intentar escaparse de bosque, con él, a través de las marismas de la zona Norte del Bosque Negro... Ella le precedía, en su forma humana, cubierta con una leve túnica de algodón, y deseaba renunciar a la inmortalidad... Él llevaba las ripas de un orco... Pero no consiguieron engañar al Guardián: las criaturas mágicas no podían enseñar a ningún humano los caminos secretos del bosque y las marismas... Por eso, sin una palabra, proyectó su gigantesca zarpa desde lo más profundo de las arenas movedizas, y lo arrastró hacia la muerte...

En cuanto a ella, Florinda, fue condenada por el Tribunal Mágico de hadas, gnomos y elfos, a permanecer en su tumba de agua, mostrando sus ojos, su cara, en ambas lunas llenas hasta que un humano se apiadase de ella, y le permitiera salir... Por supuesto, no era la única condición: la segunda era que el mismo ritual, incluyendo el beso final, se cumpliera, sin falta, durante cincuenta años humanos, sin faltar uno solo, en la primera luna llena del mes de enero y de junio... Liberándola bajo la forma que quisiera: hada, o humana…

Los primeros años, nos limitamos a hablar, a pasear ella en su forma de hada, y yo como humano... Con quince años, en 1895, yo era muy inocente... Me fascinaba... me sigue fascinando, después de tanto tiempo... Con ella experimenté el primer beso, y el segundo, y todos los demás... Juntos, años después, fuimos descubriendo el placer, nuestros cuerpos, sobre la verde hierba del claro... Y, de manera inevitable, me enamoré de ella... Desaparecieron todas las mujeres de la tierra, sólo existía ella, mi dulce Florinda...

Esta noche, por fin, se cumplen cincuenta años de amor, aunque en total hayamos pasado juntos cien noches... Tengo miedo, porque el Guardián, a su vez el Juez del Tribunal, nos advirtió de un cambio: "Cincuenta años de fidelidad tienen derecho a su recompensa: o bien ella se volverá humana, pero también mortal, y viviréis juntos hasta el final de vuestras vidas, se produzca cuando se produzca; o bien tú morirás, para resucitar como su esposo... y ser, también, inmortal... Por supuesto, hay una tercera posibilidad: que simplemente mueras, porque no haya amor verdadero..."

Y en este momento, sumerjo las manos en el agua, para extraer de ella, quién sabe si por última vez, a mi amor, a mi deliciosa hada Florinda... y que los antiguos dioses, depositarios de la antigua magia, nos protejan y amparen...

miércoles, 20 de octubre de 2010

EL AÑO MÁGICO...

Erase una vez... un niño triste... que veía pasar la vida, sin demasiado aliciente... Era un niño pequeño para su edad, extremadamente tímido, y cuyo mayor refugio, al menos en la escuela, era la lectura... ¡La de horas que pasó en la biblioteca, adentrándose en los mundos de tinta! El mundo, en general, era demasiado grande para él... Y eran demasiadas cosas las que no entendía: los clanes en las aulas, las bandas en el patio, un complejo sistema de castas... Su mayor apoyo, como no podía ser de otra manera, era su abuelo, y con él se relacionaban sus mejores recuerdos... A su madre no la trataba demasiado, cosas que pasan... Su hermana era una presencia constante... Y su padre... cuando estaba de buenas, algún buen recuerdo que otro le dejaba...

Pero aquél niño, por encima de todo, se sentía inmensamente solo, contra el mundo, y mirando atrás sin ira, eran pocos los momentos felices, en lo que a la amistad se refiere, que recordaba... Se refugiaba en la Biblioteca, en la lectura, el estudio, y poco más... Y su mundo, su vida entera, parecía estar compuesta por una inacabable y monótona sinfonía de grises y negros... Y los días pasaban, con algo de suerte, sin dejar huella... El único aliciente podrían ser las vacaciones, un puñadito de sueños y, por supuesto, la esperanza de encontrarla a ella... Puesto que, para colmo de males, aquél niño, Pablito, era un romántico empedernido, capaz de enamorarse de una imagen, de un sueño, de una colonia, de un verso... por supuesto, todo ello, en la más estricta distancia... ya que era tan bajo su nivel de estima, que le parecía imposible que alguien le quisiera... Amores silenciosos e imposibles...

Mas todo aquello, su mundo entero, cambió el año mágico... 1983... es decir, unos meses después de 1982... y unos meses antes de 1984... más o menos, cuando los Dinosaurios todavía caminaban por la superficie de la Tierra... o en todo caso, cerca del Diluvio Universal... Y fueron tantos los cambios en su vida, que retrospectivamente, no se lo podía creer...

Fue el año de "Karate Kid", película interpretada por Pat Norita y Ralph Macchio, que ha servido de inspiración a tantas otras, incluyendo "The Karate kid", con Jackie Chan... Pablito tenía ganas de aprender algo nuevo, de formar parte de un grupo, de empezar desde cero, en alguna actividad que le hiciera sentirse bien, y de paso, pudiera servirle para sentirse seguro... Mientras veía la película, se puso a pensar... "¿Y si me pongo a estudiar Karate en un gimnasio?" Dicho y hecho, se apuntó a un "dojo" donde enseñaban Judo y Jiu Jitsu, muy cerca de su casa, llamado "Banzai"... Allí, poco a poco, y durante cinco años, fue aprendiendo (y olvidando) técnicas de artes marciales, que le permitieron, sobre todo, sentirse más seguro, y no tener tanto miedo...

El segundo gran cambio, se lo encontró en el aula, y en un banco del instituto... Una hermosa chica peliroja había repetido curso, y de alguna manera, se sentía igual de sola que él... Quizás era algo que estaba escrito, que tenían que encontrarse, y descubrir que ya no estaban solos... Fue una amistad fronteriza, en muchas ocasiones frisando el amor... al menos por parte de él... Y solo por el hecho de estar juntos, el mundo era un lugar más agradable... Atrás han quedado cientos de horas de charla, de conversaciones intrascendentes, muchísimas pellas en clase de latín, para ir al cine en La Vaguada, de miradas en medio del aula, como diciéndose mútuamente "¿Nos vemos luego?", muchas citas para comer o cenar juntos... Han pasado ya más de 25 años desde aquél encuentro, y Pablito todavía sonríe al pensar en ella... y sigue preguntándose por el sabor de sus labios, cuando quedan para comer... o para dar una vuelta...

El tercer cambio fue a la vez un lugar, y una persona... El instituto organizó la estancia de los chavales en un pequeño pueblo de Cantabria, llamado Bárcena Mayor, dentro de un albergue... El pueblo era, y sigue siendo, una hermosa mezcla de casas de piedra, tejados de pizarra, campos, un río, y personas con la cara marcada por el tiempo... Había solamente una tienda, que estaba a pocos metros del albergue, y en ella nos aprovisionábamos de todas aquellas cosas, tan necesarias, para un niño: chuches, chuches... y más chuches... aunque algunos intentaban comprar cigarrillos... Era, y sigue siendo, un lugar mágico, que vive fuera del tiempo... Las actividades eran muchísimas: dibujo, talleres de lectura, de cuenta cuentos, algo de música, y entre los monitores había personajes fascinantes, como un gaitero y sus historias, o un cocinero que inventaba platos increíbles... Fueron unos días mágicos, pero lo que Pablito recordaba mejor, era la marcha que realizaron durante dos jornadas, durmiendo en una ermita abandonada en medio de los campos, y culminando en Cabezón de la Sal... Aquella madrugada, no pudo dormir: se quedó velando el sueño de los compañeros... bueno, sobre todo de una compañera... a la luz de las llamas...

El cuarto cambio, fue patrocinado por una persona: Enrique, el director del campamento, además de monitor, cuenta-cuentos, y sobre todo, persona cercana y entrañable, que por primera vez al margen de su abuelo, le hacía sentirse bien... y le animó a escribir, a perseguir los sueños, a no rendirse... a confiar en sí mismo... Y  por encima de todo, le demostró que no estaba solo... Durante mucho tiempo, muchísimos años, se estuvieron escribiendo, numerosas cartas que todavía se conservan, entre un adolescente y la persona que le animó a luchar... Una decena de años después, Pablito regresó a Bárcena Mayor, repitiendo la misma marcha, en solitario, acampando en la misma ermita desierta...

Cuatro cambios, que modificaron, de alguna manera, la vida de Pablito... mi vida... y que hicieron de 1983 al año mágico...