domingo, 11 de septiembre de 2011

PALABRAS DEL VIEJO TROVADOR

Con un último esfuerzo de testaruda voluntad, el trovador reordena sus marchitas ideas, recuerdos de miles de minutos que murieron, con la esperanza de revivir, en algún corazón, aquellos sentimientos de perdida felicidad... que durante tantos años ha ido acumulando sobre sus frágiles hombros... La juventud, la niñez, la madurez, han dejado su huella, grabando profundos surcos en la cara interna de su corazón, aunque nadie, salvo él mismo (y posiblemente su gato Chiqui) puede verlo...


Y por eso, él se toma unos segundos, y trata de distinguir en las penumbras los rostros del público, que ha venido, en aquella tarde de verano, en el filo del ocaso, para escucharle... y recuerda... y, después de subirse lentamente al taburete de madera iluminado por el foco de luz blanca, comienza a hablar...



"Hoy no habrá canciones... ni música... no me acompañará mi vieja guitarra... Y como veis, tampoco hay músicos en escena... Prefiero contaros una sencilla historia... mi historia... la de mi vida, mis amores, soledades, ausencias... Cuando yo era mucho más joven e inocente, pensaba que la vida era mucho más sencilla, que todo era blanco o negro, sin matices medios, ni medias verdades... La vida, esa amante esquiva y casquivana, que siempre te hace pensar en el mañana, en lo que está por venir, o en lo que irremediablemente has perdido... de forma tal que nunca tienes tiempo de aprovechar el presente... la vida, os decía, no ha sido del todo mala conmigo... Quizás porque a grandes rasgos he aprendido a olvidar todas aquellas cosas, personas o momentos que me han hecho daño...



Atrás quedaron los confusos años de la infancia, la soledad, los miedos (a la oscuridad, al silencio, a defraudar a los demás, al "qué dirán...") y las añoranzas... Un buen día, opté por borrarlo todo, lo bueno y lo malo... y quizás por eso, únicamente entre brumas percibo el rostro del primer gran amor, aquellos momentos robados al futuro, mis sueños de eternidad... con ella... Un extraño bálsamo que mana de mi corazón reparte pequeñas dosis de felicidad por todo mi cuerpo, saturándome de dulces mentiras y de futuros aleatorios e imposibles...



También he ido dejando al margen todos los futuribles, las maneras en que mi vida podría haber cambiado si hubiera tomado otras decisiones, algunas de ellas tan minúsculas, o tan limitadas en el tiempo, que parece mentira que su efecto haya sido tan fuerte, tan devastador sobre el resto de mi vida... Escoger una carrera distinta, medicina por ejemplo... No cambiar de destino en el ejército... Tener más confianza en mí mismo en el periódico... Apostar por aquella emisora de radio que empezaba su andadura... Aunque las más importantes, las que realmente podrían haber cambiado todos mis presentes, se resumen en pocas palabras... "Si ella me hubiera querido..."



"Ella"... Siempre ha habido una "Ella" en mi vida, en mis pasados, presentes y futuros... Esa persona especial, que con una sola sonrisa, transformaba en mañana de primavera cualquier ventosa y gélida noche de invierno... Que con una sola mirada, hacía latir más fuerte mi corazón... El tacto de una de sus manos en mis mejillas, me devolvía las ganas de vivir... Y su dulce y afrutado aliento, en mi nuca, me hacía alcanzar las nubes, como si quisiera enlazar la luna y ponerla a sus pies...



He tenido la gran suerte de haber disfrutado de siete "Ellas", y todas me han ido dejando algo en herencia... Innumerables charlas en banco de instituto... La dulzura de algunos músicos italianos... Alguna carta de amor... El refugio de sus inmensos ojos negros... El roce de su brazo... La tersura de una mejilla dorada por el sol... La magia de la fotografía en blanco y negro... La dulzura de una sonrisa... Siempre en el limbo de la amistad y el amor... En el territorio fronterizo... Entre el "quiero" y el "puedo"...



Hasta que la encontré a ella... Mi amiga... Mi compañera... Mi amante... Mi mujer... De alguna manera, todo cambia, cuando por fin encuentras alguien que te quiere solamente por lo que eres, y no por lo que podrías haber sido... Fueron sus enormes ojos tristes, en el limbo del verde y el marrón, los que me hicieron fijarme en ella... Siempre le dije que a mí quien me gustaba era su amiga, aquella primera vez... pero creo que desde aquél primer encuentro, nuestros destinos quedaron ligados, para bien o para mal... Supongo que eso es algo que ya no tiene demasiada importancia, cuando todo forma parte de la historia antigua...



Antigua, porque en todos estos años, nos hemos ido amoldando, descubriéndonos día a día, pero sin perder la capacidad de sorprendernos... Te das cuenta de hasta qué punto es importante una persona en tu vida, cuando llega un momento en el que es "Ella" la única que acude a tu memoria en los buenos, pero sobre todo, en los malos momentos... haciendo que sean un poco más fáciles de digerir... y mitigando el dolor con una caricia, una mirada, un beso... que tu corazón sea un poco más loco y bandido que antes... y puedes beber de sus labios el bálsamo del olvido...



Olvido, en ciertas ocasiones, de todo... de los sueños rotos... las ocasiones perdidas... los futuros imperfectos... las ansiedades inconfesables... Y memoria... de amaneceres entre las sábanas... de su cabello repartido por toda la almohada, como una aureola... de íntimos gemidos y pequeños jadeos... de besos robados en la puerta del tiempo... de sueños y anhelos aún no cumplidos...



De todos estos anhelos, de estos proyectos no realizados... solo hay uno que realmente me duele... El no haber tenido un hijo... Se me van los ojos detrás de las embarazadas... Me detengo cuando veo el carrito de un bebé, y atisbo en su interior, quien sabe si buscando en él los rasgos del que podría ser nuestro niño: el pelo negro, los ojos verdes o marrones, la piel muy blanca, las manitas pequeñas pero muy fuertes... Ya he mirado carritos de bebé en internet, y tronas, y bañeras, y cambiadores... La habitación ya está reservada, y pintada en azul bebé... y en nuestro dormitorio hay sitio de sobra para la cuna... Casi puedo imaginar su gateo... El sonido de sus primeros pasos...



Aunque de momento, los únicos pasos que resuenan en el pasillo son los de Chiqui, nuestro gato... Que de "increíble gato cojín" ha pasado a "increíble gato puff"... y como siga engordando, terminará siendo "el increíble gato sillón"... No sé, igual es algo que solo pueden entender los gatófilos, aquellos humanos que se han decidido a compartir su vida con uno de esos tigres en miniatura, que te acechan desde debajo de las sillas... o se suben de un salto a la cama, en mitad de la siesta... y cuyo extraño ronroneo, de alguna manera, nos da paz...



Paz, como la que encuentras en aquellas personas que escoges para que te acompañen a lo largo de tu vida... presencias cambiantes o permanentes, que te amparan, te escuchan, te dan fuerza... No en vano dicen que "los amigos son la familia que uno escoge" y, muchas veces, te acompañan en las negras soledades del alma... y comparten también contigo los amaneceres de la paz, y los arco iris de la esperanza... Mas, aunque a todos intentas quererlos por igual, siempre habrá uno hacia el cual vuelen tus pensamientos... Tendrás una persona muy especial, que ocupe un lugar de honor en tu corazón... Yo la tengo, y sin ella, mi vida no sería completa... Pues gracias a las dos, mi mujer y mi amiga, alcanzo el tan ansiado equilibrio... Y sigo adelante, con mis deseos, y mis esperanzas...



Espero que todos vosotros tengáis una "Ella"... o un "Él"... que os acompañe en vuestro caminar... que os dé fuerzas, al mismo tiempo que os haga sentir protegidos... y fuertes y poderosos a la vez... Que llegaréis a conocer la plenitud del verbo amar... Para que algún día, al miraros al espejo del alma, quizás en los estertores de vuestra vida, podáis decir tres palabras... "He sido feliz..." Y con esto, os dejo, en una noche sin luna ni estrellas, salvo la Cruz del Sur, que siempre vela por los amantes..."



Y con estas palabras, el viejo trovador se bajó del taburete lentamente, y sus ropas negras se fundieron con el fondo del escenario, mientras se perdía entre bastidores... Y entonces, en aquél momento perfecto... comenzaron los aplausos...

sábado, 10 de septiembre de 2011

AQUÉL SEÑOR CON BOINA...

Mi abuelo era un señor mayor con boina negra, cara arrugada, sobre todo alrededor de los ojos, él decía que de tanto sonreír cuando nos veía, a mi hermana y a mí, correr veloces a recibirle, cuando volvía a casa...

"Erase una vez que se era, tres...", lo que fuera, todas las noches le pedía un cuento, cualquiera, pero con el número tres: los tres cerditos malos, los tres lobitos buenos... las tres excavadoras... y más de una vez le ponía en aprietos.... pero, sin embargo, nunca repitió un cuento...

Supongo que mis primeros recuerdos juntos, son de cuando me acunaba en los brazos todas las noches, o las tardes, o cuando fuera, y solo en su regazo era capaz de dormirme, tranquilizado por el sonido de su grande y fuerte corazón... Uno de los mayores "sustos" de mi infancia fue la mañana en que entré en su dormitorio, y vi los dientes dentro de un vaso de agua...

Estoy convencido de que ya nació viejo, pues cuando mi madre me enseña alguna foto de cuando él era más joven, me cuesta reconocerlo, y de hecho, no me lo imagino con pelo, con dientes auténticos, o sin una chapela negra... Creo que no habré visto más de una docena de fotos de su juventud... Si bien lo más importante no es cómo fuera en realidad, sino cómo yo lo recuerdo... Y hasta qué punto ha influido en mi desarrollo como "persona humana"...

Toneladas métricas de cariño y de bondad, desde los interminables paseos por el pasillo de nuestra casa, mientras me contaba un cuento hasta que yo me quedaba dormido... hasta las carreras salvajes de triciclos por el Parque del Retiro, con mi hermana, durante nuestra infancia... todas las veces que le conté mis desengaños amorosos... o que descubrí que era él quien me tranquilizaba...

Su lugar preferido de toda la casa era el comedor, sobre todo el sillón que estaba cerca de la ventana, para ver un poco la tele, sobre todo las noticias, o alguna película, y ocasionalmente, una corrida de toros... Nunca le gustó el fútbol, pero sí la política... Sus grandes pasiones eran el estudio, y la literatura...

Sigo pensando que le fallé en los últimos años de su vida, al mismo tiempo que le fallé a mi madre... Mientras pudo caminar, mientras salía todas las tardes de paseo, aunque fuera una triste vuelta a la manzana, conservó una cierta calidad de vida, y también la tuvimos nosotros... No estuve a su lado el día de su muerte, y de todas formas, prefiero recordarlo en vida, como aquél señor con boina y ojos bondadosos... que me enseñó tantas cosas de la vida...

viernes, 9 de septiembre de 2011

LA MALDICIÓN DE CAMPANILLA...

Aquella vez, no pude salvarla...

¡Ellos eran tantos, y tan pocas mis espadas! ¿De qué sirve jurar fidelidad eterna... si me la puede robar la muerte... una vez más? Y dejó de respirar, entre mis brazos, y yo, bañado por su sangre, solo deseaba morir, con ella...¿Quién iba a pensar aquello, de ella? ¿Quién iba a suponer que un hada, mi hada, Campanilla, sería así?
Jamás comprendí sus intenciones, nunca le dí importancia a sus besos, a sus cosquillas, sus caricias, ni a las veces que la sorprendía durmiendo sobre mi cuerpo, en zonas donde las hadas no se aventuran... Pues una cosa es cierta: por mucho que seamos los "niños perdidos"... seguimos teniendo la misma edad, cuando nos traen o llegamos al País de Nunca Jamás... y durante todo el tiempo que permanezcamos allí... La misma edad, casi siempre los mismos compañeros de juegos (salvo en las ocasiones en que nos lanzábamos en guerra contra los indios... sobre todo contra algunas de las indias, especialmente bellas...).

Hasta que llegó Wendy, con sus hermanos, todo era más o menos lógico y "normal"... hasta el punto en que puede serlo un grupo de adolescentes y pre-adolescentes... con sus deseos... sus necesidades... sus inquietudes... y sus maneras de aliviar las necesidades de Mamá Naturaleza... Los más pequeños no se enteraban de nada, ¿para qué iban a seguirnos a ciertas reuniones con los indios, sobre la cálida arena de la playa? Que el sexo no es sucio, ni malo, señores míos... Sobre todo, cuando lo vives como algo normal...

De las tendencias del Capitán Garfio, no es necesario hablar: siempre fue bastante "gay", y en la intimidad de su camarote, disfrutaba poniéndose un "tutú" rosa, las zapatillas de ballet, y practicando extraños numeritos con Sambo, el cocinero (negro, para más señas)... Las peleas, por supuesto, no eran más que una excusa, para desfogarnos... ¿Nadie se da cuenta de lo amargo que es ser siempre un eterno adolescente?

Pero claro, esa estabilidad se terminó en cuanto entró en escena Wendy... ¿Cómo puedo explicaros la impresión que causó en todos nosotros, aquella noche? Quizás fue culpa mía, jamás tendría que haberme llevado a la isla a una adolescente tan atractiva, tan mágica, tan... no sé... tan Wendy... La perfecta combinación de una capacidad de confiar en los demás infinita, una casi total ausencia de malicia... y el cuerpo más hermoso que yo había visto en toda mi vida... ¡Qué poco podía imaginar hasta qué punto nuestra existencia se trastornaría, por su culpa!

Insisto, había mujeres en la isla, las indias, todas del estilo "Pocahontas" (poco pecho, pocas caderas, muy complicadas de persuadir para que llegasen hasta el final, aunque no había riesgo de embarazo)... y tampoco éramos tantos los piratas, los niños perdidos, ni los indios, en condiciones de procrear... Pero con Wendy... incluso robarle un beso se convertía en una operación militar.. ¿Que si me enamoré de ella? Por supuesto, a pesar de mi breve aventura con "Wingapooh" Además, llevaba décadas atrapado en el cuerpo de un adolescente de diecisiete años, pero mis necesidades evolucionaban... incluso intenté liarme con una sirena...

Wendy... la dulce, curvilínea y hermosa Wendy... Un sueño húmedo convertido en realidad, fue la que trajo la desgracia y la muerte al País de Nunca Jamás... Por ella, comenzó la Primera Guerra con los Indios... ¿Y qué íbamos a hacer nosotros, un grupo de niñatos con tirachinas, palos, piedras, un par de boleadoras, varias cerbatanas, y una ingente cantidad de pañales manchados de mierda? Pues nos aliamos con los piratas, masacramos a los indios varones, nos quedamos con todas las indias más o menos guapas, y matamos al resto... La mitad de las supervivientes se quedó con nosotros, la otra mitad con los piratas, y durante varios años tuvimos paz...

Por supuesto, no contábamos con Campanilla... Ni con que deseara ser humana, y no solo eso, deseable, para estar conmigo... ¿Y yo qué culpa tenía de sus lúbricos deseos?¿Acaso pretendía ser como Julia Roberts? Desesperada, acudió a Úrsula, la bruja mala de "La Sirenita" (con quien tuve una aventura antes de que le crecieran las piernas), y a cambio de su capacidad de volar, la convirtió en humana, pero también le robó la voz (lo que en su caso no importaba mucho...). Como siempre, disponía de tres jornadas para hacer el amor conmigo...

Pero yo, a pesar de su atractivo, de su inocencia, lo que realmente deseaba era... acostarme con Wendy... Y lo logré... sin darme cuenta de que Campanilla nos miraba desde los arbustos... Despechada, se marchó al campamento de los piratas, sedujo al Capitán Garfio y a su segundo de a bordo, y con la promesa de entregarse a ellos, les hizo declararnos la guerra... de nuevo... pero esta vez, no quedaba nadie para defender a los Niños Perdidos... Uno tras otro, fueron cayendo, desventrados, decapitados, pisoteados, lanzados a los tiburones...

Ya solo quedamos Wendy y yo... Mi dulce y hermosa Wendy, caminando sobre la tabla, estaba a punto de ser devorada por los tiburones, los piratas la rodeaban por todas partes... Y Campanilla, saboreando su triunfo, habiendo satisfecho sus ansias de sexo con la mitad de la tripulación de los piratas, estaba allí, de pié junto al palo mayor... Aterricé a su lado, fingiendo que deseaba darle un beso, que la comprendía, que la quería, que la amaba incluso... antes de apuñalarla dos veces en el corazón... Sus enormes ojos verdes se abrieron por la sorpresa... quiero pensar que se arrepintió antes de morir... pero tampoco me importaba mucho... Su cuerpo fue menguando rápidamente... dejó de respirar... y la tiré por la borda...

Pero no contaba con el cocinero, celoso por los ojitos tiernos que el Capián Garfio le ponía a Wendy... Por eso, aprovechando un momento en el que yo no podía cubrirla con mi cuerpo ni con mis dos espadas (que el puñal sirve de muy poco contra los piratas) Sambo, el amante de garfio, la apuñaló con saña... en el corazón y en el pecho... Wendy, mi dulce y amada Wendy, se desplomó en el suelo, a mis pies... De un certero sablazo, decapité a Sambo...

Cayó sobre la cubierta sin un grito, y yo me lancé sobre ella, como si pudiera protegerla con mi cuerpo de la misma Muerte... Y aquí estoy, llorando, a su lado, mientras su sangre empapa mi ropa... Y no me importa nada lo que pase conmigo... que hagan lo que quieran los piratas... salvo ellos, y las indias esclavas, ya no queda nadie en el País de Nunca Jamás...

Que yo moriré al lado de mi amor...

LA VENTANA MÁGICA

Una buena amiga (y gran escritora, aunque ella se empeñe en decir lo contrario) me retó, hace unos días, a escribir un relato alegre... Quizás hoy no sea el mejor de los momentos... pero acepto el reto... y os cuento lo que está pasando, en este momento, mientras me fijo en la esquina derecha de la pantalla... Frank Sinatra suena, muy bajito, lo justo para enmascarar los ruidos de la calle, y del jardín de la comunidad... Sí, a pesar de todos mis buenos propósitos, estoy algo triste...

Esa impresión de que alguien está contigo, alguien que te quiso con locura, y de repente, lo sabes. Una débil ráfaga de colonia, de la marca "Àlvarez Gòmez", te aclara de quién se trata... ¡Como si a estas alturas fuera necesaria otra pista! Y quieres pronunciar esa palabra, lo deseas con toda tu alma, con todo tu corazón, para que él sea la primera persona en escucharte pronunciarla... Pero notas que no puedes hablar, que no sabes hablar, porque eres demasiado pequeño... Tú, a los cuarenta años, y te sientes como un niño pequeño...

Porque eres un niño pequeño... Estoy con los ojos cerrados, y son tantos los sonidos, y los olores, que te asaltan, que no sabes muy bien a cual de ellos dar prioridad... Sus pasos, con esos zapatones que te parecen inmensos desde tus ojos de niño, suenan con fuerza en el pasillo, con el suelo de parqué,no falta ni siquiera el leve crujido de la madera... Pero te quedas con dos cosas, que te tranquilizan... Su corazón, tan cerca de tus oídos: tengo la cabeza recostada en su pecho, lo bastante inclinada para verle la cara sin dificultad... "PU-PUM.. PU-PUM..." Ni puedo, ni quiero, escuchar otra cosa, porque al escucharlo, me siento vivo, y seguro, entre sus brazos...

Y su voz, tan querida, con la paciencia de mil mundos, para estar dispuesto a pasearme, en brazos, por el pasillo, mientras inventa sobre la marcha pequeños cuentecitos con el número tres... Lo de menos es el cuento, es la forma en que pronuncia la palabra, "tres"... y no son adaptaciones, qué va... Recuerdo el de "Las tres locomoras", que habían quedado en verse en un punto de la red, cerca de Valencia... o el de "Los tres hermanitos", que salen a buscar comida para su madre enferma... El de "Los tres globos de colores" no me gustó... odio los finales tristes... Me pasaba toda la tarde esperando que él volviera de la Diputación, y me rebullía en el parquecito, o en la cuna...

Yo no necesitaba nada más para ser feliz: su voz, su abrazo, su colonia... Y de vez en cuando, por no decir casi siempre, música clásica: aquella era la colaboración de mi padre al universo de mis primerísimos años... Escuchando a Mozart, a Brahms, Beethoven, Albinoni, aunque siempre tuve al "Va pensiero" como favorito... La consulta de mi padre era medianera con mi dormitorio, y cuando él apagaba la música, yo protestaba... enérgicamente...

Aquellos son algunos de mis recuerdos más antiguos, y más hermosos... Por eso, ahora me duele tanto que se vaya cerrando la ventana mágica, en la esquina derecha del ordenador, y la imagen se haga tan pequeña que ya me cueste distinguir a las dos figuras, que suben y bajan por el larguísimo pasillo... Añoro aquella seguridad, aquellos días, porque nunca en toda la vida creo haberme sentido más seguro... que en los brazos de mi abuelo...

Hoy se cumplen once años de su muerte... Y mi querida amiga me dirá "¿Pero no me habías prometido una historia alegre?¡Si esto es un drama!"... Y no tendré más remedio que llevarle la contraria... Porque no hay historia más hermosa que la de un nieto, en brazos de su abuelo... y de un amor tan paciente e incondicional...

Ahora, os dejo, pues voy a intentar abrir de nuevo la ventana mágica, y regresar con él, aunque sea unos minutos...

EL REGRESO DE PETER...

"¿Vienes?", es lo único que me preguntas, allí, en el filo, en el borde de la azotea, con decenas de metros por debajo, aunque en la zona azotada por el viento, se diría que son muchos más... El mundo se extiende, infinito, a nuestro alrededor, pero tú lo miras sin interés, el baile de luces y sombras, de futuro y pasado, como si nada importase ya en el fondo... Y te veo, hermosa, más hermosa y mágica que nunca, con tus vaqueros negros desteñidos y con cortes, tu top negro bajo una amplia camisa blanca, tus labios y uñas pintados de "rojo furcia" (al menos, así es como tú lo llamas), tus botines de cuero negro...

Eres hermosa, aunque eso ya te lo he dicho antes... Nos hemos conocido tres días antes, escuchando a "Blind Guardian", ya sabes, el tema "Imaginations from the other side", y supongo que eso, al mismo tiempo que mi aspecto, nos unió un poco más... Yo tengo diecisiete años, según los servicios sociales, soy un inadaptado, y me acabo de fugar de la enésima casa de acogida porque me querían obligar a recoger el cuarto, "al menos la comida podrida"... Pero cerré la puerta de un golpe, y creo que le hice daño a ella... No lo pretendía, pero con mis antecedentes, cualquiera me cree... Y allí estaba yo, intentando vender un poco de "crack" a los pringaos de cuarto de la ESO, que se creen más duros que nadie, con mis pintas habituales, vamos, las de siempre. botas y pantalones de combate (pero los "guapos", los de camuflaje urbano, la camiseta con la "Union Jack", la chupa de cuero con tachuelas en los hombros, y por supuesto, mi cresta azul turquesa... Sí, hay que ser muy machote, estar muy seguro de uno mismo, para ir con esas pintas por aquél barrio de gente bien... pero tengo un par de amiguitos: "puño americano" en el bolsillo, y "defensa extensible" (se la robé a un segurata) en la caña de la bota derecha... Sé pelear, pero no me gusta hacerlo...

Aquella tarde, mi único interés era vender la suficiente mierda para encontrar un sitio caliente donde pasar la noche... Y en lugar de eso, te encuentro a ti... Es un poco encontrarme a mí mismo, pero en tía, un pelín flacucha para mi gusto, pero con la misma pasión por la vida, por los libros y por la música, que yo... Me llevas a tu casa, tus padres han salido varios días de viaje, o al menos eso es lo que me has dicho, y yo no tengo por qué dudarlo, ¿verdad? No sé, me siento raro en aquella casa, no te pega nada... al menos, eso es lo que pienso hasta que me enseñas tu habitación... Hay pilas de libros y de Cd´s por todas partes, en las estanterías, sobre la mesa, incluso en la cama, de matrimonio, tienes la mitad ocupada... Si esta noche pretendemos dormir juntos, habrá que despejarla... Todo tiene un aire de cuidada dejadez,. no hay ni restos de comida, ni polvo, casi parece un fantástico decorado... y sigo sin sentirme bien... Me das un par de toallas, y una muda, "por si quieres ducharte", y como es cierto que hace cinco días desde mi última ducha, acepto encantado, que esta primavera está haciendo muchísimo calor... Aunque solo sea por quitarme las botas, agradezco la ropa, un poco extraña, que das para que me cambie: una camiseta de Iron Maiden sin mangas, un pantalón de chandal de felpa, calcetines de deporte, y unas inverosímiles zapatillas de monstruos, con ojos y todo... También me preguntas si quiero lavar toda mi ropa sucia, para llevármela en condiciones cuando me vaya ("tengo una secadora muy rápida, y no hará falta plancha", me dices)...

Después de la ducha, que prolongo media hora, para sentirme bien limpio, salgo con mi "nueva imagen", con la cresta tan aplastada, que insistes en hacerme una foto con el móvil... Yo saco la lengua, luciendo piercing, y tan contentos... Cenamos en la cocina, una pizza congelada super buena, y varias tarrinas de helado... Luego, vamos a tu habitación, entre los dos despejamos tu cama, lo que no nos lleva ni diez minutos, estiramos las sábanas, que no tienen ni una mota de polvo, y nos tumbamos a escuchar "Oasis", mientras nos pasamos un porro... No deja de tener su gracia: soy un traficante, pero lo más duro que me meto es un poco de "maría", de pascuas a ramos... Estoy muy nervioso, quizás por la música, o por las luces, o por ese fugaz atisbo del cuarto de tus padres, que me hace pensar a un decorado de televisión: demasiado perfecto, demasiado limpio, y más para llevar varios días fuera... La cocina y el cuarto de baño también dan el pego, pero me sigo notando raro... igual es la pizza que me ha sentado mal... Empiezo a mirarte con otros ojos... tienes un cuerpo de diosa, disimulado por aquellas ropas de mendiga... Me encantaría hacer el amor contigo aquella noche (qué raro, siempre digo "follar"), que nos desnudásemos lentamente... Pero tú eres quien toma la iniciativa... "¿Qué edad tienes?", te pregunto... "Dieciséis", me dices, pero lo más probable es que tengas quince... Estás hermosa a la luz de las velas, que has encendido minutos antes de desnudarte por completo... Hacemos el amor varias veces, con ansias, con ímpetu, sin complejos, y con mucha más energía de la que yo creía posible encontrar en nuestros cuerpos...

Y luego, nos damos otra ducha, pero esta vez juntos, aunque no nos metemos en la cama... "Vístete", me dices, que tu ropa ya está limpia y seca, lo que no me extraña, pues han pasado casi dos horas desde que empezamos a amarnos (aunque no recuerdo que la metieras en la secadora)... Huele bien, a suavizante, a jabón de calidad y, quién sabe, a esperanza... "Ven conmigo, a la azotea", me dices, y yo voy... Total, no tengo nada mejor que hacer... "¿Crees en las hadas?", me preguntas... Y, aunque en un primer momento me apetece responder "No, son una gilipollez para niños", algo en mi interior, quizás precisamente ese niño que se niega a crecer, te dice "Sí... creo en ellas..." Entonces me dices: "Si te pido que te tomes esta píldora azul, que me beses, que tengas fe, y que saltemos juntos desde esta azotea... ¿Lo harías?" Y yo, en el fondo, un romántico, y tontorrón empedernido, te respondo: "Sí, lo haré... Pero solo si me dices tu nombre..." En ese momento, me respondes: "Wendy...", y juntos damos lo que podría haber sido el último paso de nuestras vidas, nos elevamos...

Esa sensación de libertad absoluta que provoca el vuelo, y más aún junto a la persona amada... El hacer piruetas entre la niebla, esquivando los edificios por milésimas, la impresión de ser el rey del mundo... es algo que no tiene comparación... Y no dejo de mirarla a ella, mi dulce Wendy, quien me mira quizás un poco preocupada, y me dice: "Espero que ya habrás tenido aventuras suficientes para los próximos diez años, Peter, que los niños perdidos, los piratas, incluso el Capitán Garfio llevaban mucho tiempo preguntando por ti..." "Tranquila, Wendy, que me he traído un par de juguetitos de este futuro, que nos serán de gran utilidad..." Y, en aquél momento, saco de cada una de mis botas un MP4 con un terabite de capacidad, y lo más importante, con células solares auto-recargables, además de un juego de altavoces compactos de cromo vanadio de la máxima calidad...

Y, el resto del viaje, lo hacemos escuchando, entre otros, a "Pink Floyd"... Y mientras escuchamos "Shine on you crazy diamond", le pregunto algo que llevaba un buen rato rondándome la imaginación... "Wendy, y si hubiera respondido que no creo en las hadas, o no me hubiera tomado la pastilla azul´... ¿qué habría pasado?"... Durante unos minutos, guardas silencio, pero luego me dices: "Casi nada... Te habrías matado otra vez...", me respondes... "Vaya, entonces, no es mi primera escapada al mundo real..." "No, pero sí la más prolongada...", me respondes... "¿Y existe alguna manera de saber cuántas veces he... terminado mal?", te pregunto... "Es sencillo, fíjate en el número de medias lunas o de franjas blancas que tienes en el dedo pulgar de la mano derecha..."

"Tengo siete medias lunas... está claro que debo ser un poco más serio, más cordial con todo el mundo, y poner al día a los niños perdidos con Michael Jackson...", le dije a Wendy... "y en cuanto a ti... me encanta cuando te pones descarada y dominante..."

Y seguimos bromeando, y escuchando una gran música, hasta el país de Nunca Jamás...


LA SIERAN VARADA

El viento de Poniente ha dejado varada sobre la playa una hermosa sirena, esta mañana, con la bajamar… Hermosa criatura donde las haya, con sus tremendos ojos negros y su larga melena, ha vuelto a sentir la necesidad de experimentar la caricia del sol, el calor de sus rayos… incluso aunque supusiera volverse temporalmente humana, cuando se le secase por completo la cola… Por supuesto, no es lo más normal presenciar que las aguas depositan sobre las arenas una hermosa criatura, mitad pez, mitad humana, cada una de ellas por separado un proyecto de hibridación genética, mas por separado, ninguna de las dos sirve de mucho… aunque siempre podrías comerte la cola…



Hubo un tiempo durante el cual mucha gente se sentía medianamente cabreada o molesta con las hijas de Poseidón (sobre todo las hembras menos agraciadas), puesto que emergían a la superficie desnudas, ¿acaso existen sirenas que salgan con la ropa puesta? Y el mayor problema, especialmente, era que los varones humanos se prendaban de tan hermosas y descocadas criaturas… y como las sirenas tampoco se distinguen por su abstinencia, era frecuente verlas apareándose sobre la arena de la playa… y lo que salía después, cualquiera sabe…


Por eso, el sector más discreto y el más radical de la iglesia hizo difundir numerosas octavillas, en las que decían: “Sirenas, vale, de acuerdo… pero vestidas”… Durante cierto tiempo, en las arenas de Cádiz, se dejaban por la noche, en el límite superior de las aguas en la pleamar, unos hermosos conjuntos, a la par que recatados, para que las sirenas al salir de su medio y secarse la cola, tuvieran algo que ponerse…



La idea era buena… lo malo era que se parecía más bien a un “burka” o a una falda de mesa camilla, que a una prenda juvenil, por lo que se las distinguía de todas formas por la playa, y no estaban cómodas… También les dejaron bañadores de cuerpo entero, pero versión premamá, para evitar las tentaciones…



Y de nuevo se vieron sirenas desnudas… y varones en celo… La solución fue considerarlas lo que eran: hermosas mujeres adolescentes, que deseaban divertirse un poco, flirtear con los humanos, y poco más… ¿Y qué tipo de ropa se pone una adolescente? Pues un bikini hermoso, moderno, y si añades una bolsa con unas chanclas, un pareo a juego, y una toalla de playa, mejor que mejor…



Por eso, desde hace varios meses, en las playas de Cádiz es muy frecuente observar a exquisitas adolescentes, maravillosamente proporcionadas, con un bikini negro… que tiene en el lateral derecho de la braga una concha de color blanco… Y estas jóvenes se pasan el día paseando, tomando el sol, descansando y disfrutando el sonido del mar… De vez en cuando, se mojan los pies con sumo cuidado, pero ellas, hasta que regresan al mar por la noche, procuran mantenerse lo más alejadas posible de su otro ambiente… Y por la noche, dejan sus bolsas de tela, con bikini, chanclas y toalla, colocada tras la torre del socorrista, y entonces, emprenden una carrera alocada hasta el agua, se zambullen, y regresan a su forma… Y nadan, hasta la siguiente excursión… En algunas ocasiones, le entregan el equipo a sus compañeras, que tomarán el relevo por la mañana, pero casi siempre, perpetúan las normas…


Esta mañana, me he sentado junto a una hermosísima sirena de larga melena negra, piel muy bronceada por el sol, y un bikini negro que cortaba la respiración… ¿O sería por su cuerpo, exquisitamente perfilado? Incluso hemos hablado algún tiempo, me dejó sentarme a su lado, y recorrió la silueta del tatuaje de dragón en mi espalda… Caminamos un rato, en silencio, escuchando el murmullo del viento, del mar… Nuestras manos se rozaban de vez en cuando… hasta que me decidí a coger su mano izquierda, y luego puse mi brazo en torno a su cintura… Un rato después, de nuevo en la toalla, la besé en los labios, y no le molestó… Pero tampoco pasó nada más… Me quedé a su lado todo el tiempo que pude, mas tuve que regresar al mundo real… Y cuando le pregunté por su nombre… “Elvira”… me sorprendió muchísimo que fuera el de mi primer amor

LA LEYENDA DEL CABALLERO GRIS

No cabía la menor duda: el Caballero Gris era el amo y señor de la comarca, el rey a todos los efectos sobre un territorio tan grande como el que podía recorrer con su caballo en varias jornadas, porque nadie se atrevía a poner en duda su autoridad, y su Ley... Señor de su castillo, que tenía a bien compartir con su suegro (un error del que a menudo se arrepentía), su esposa (que vivía sojuzgada a su voluntad), y sus dos hijos, un varón (que con el paso del tiempo se volvería una decepción) y una hembra (siempre la más débil)...

El Caballero Gris ejercía un importante cargo en la Corte Real: era el barbero, dentista y "médico" oficial de los Reales Bufones, y en ocasiones muy contadas, de los Consejeros... y dicen que una vez se encargó de sajar dos forúnculos en el Real Trasero, hecho tan señalado que lo había mandado ilustrar por los monjes de un convento cercano, con las palabras: "El Caballero Gris y el forúnculo del Real Trasero", que colocó en la estancia de su castillo que le servía de despacho y consulta. Tres veces por semana, pero solo con cita previa mediante mensajero y pergamino un mínimo de veinticuatro horas antes, recibía a sus acaudalados pacientes. Su mejor arma seguía siendo un preciado grimorio que heredó de su padre, y una traducción de las lecciones y remedios de Avicena. Los otros dos días de la semana se desplazaba a la corte, casi siembre los martes y jueves, aunque si se recibía un mensajero de los barones, duques, nobles y personas de alta cuna y noble condición, podía considerar un leve cambio de hábitos...

Su palabra era La Ley, puesto que él traía la mayor cantidad de los ingresos (monetarios y de influencias), pero esto cambió cuando su suegro, antiguo recaudador de impuestos, comenzó a pagar la educación de sus dos hijos... y su mujer descubrió que poseía un increíble talento para las matemáticas, y era consultada a menudo por los dueños y señores de múltiples palacios y castillos... El Caballero Gris no podía quedarse atrás, "por mi honor y por mi honra...", pues de ninguna manera podía consentir que los otros dos miembros de la familia ganasen más que él...

De carácter fuerte, dominante y decidido, era poco dado a los sentimentalismos, apreciaba la lectura, la música de juglares y trovadores, y en muchos aspectos, no era mala persona, daba grandes voces, aterraba a la familia, carecía de amigos, y los que tenía, eran por parte de su mujer... Él no lo sabía, pero estaba enfermo, y eso explicaba sus cambios de humor, su furia ciega... En su favor también hay que decir que su infancia fue atroz, que sus padres murieron muy temprano, su abuela lo maltrataba, y que recuperar el castillo familiar había sido una ardua tarea...

Más temido que respetado, y sintiéndose en el fondo tan solo, intentaba conseguir que al menos sus hijos siguieran sus pasos, dedicaba muchos esfuerzos en transmitir sus pasiones y conocimientos, que actualizaba cada cierto tiempo con reuniones de otros galenos en la Corte, o bien regresando a su alma máter, la Universidad de Salamanca...

Su hijo le decepcionó al no seguir sus pasos por pusilánime, y pese a haber frecuentado la mejor escuela de juglares, terminó trabajando de sicario para un señor feudal de otra provincia; y su hija, también fue una decepción, pero menos, pues daba clases de francés (la más reciente moda de la Corte) a los hijos de familias acomodadas...

El Caballero Gris falleció a la provecta edad de sesenta y cuatro años, tras una larga y dolorosa agonía... Pretendiendo ser un rey en su castillo, murió como un tirano enfermo, al menos, tal era la visión que tenía de él su hijo, de quien llevaba mucho tiempo distanciado por su oficio... a quien había transmitido su incapacidad de amar... Dramática herencia...

Y cuentan que su espectro vaga por por los pasillos, subterráneos y pasadizos, lamentándose en voz baja: "Si hubiera amado más... Si hubiera demostrado más cariño... Si me hubiera quitado yelmo y celada al entrar en casa... Si no hubiera tenido tanto miedo de querer y ser querido..."

Solo con el paso del tiempo, el hijo comprendió un poco mejor a su padre, al temible Caballero Gris de fulgurante cólera y pétrea armadura... puesto que llevaba el camino de convertirse en lo que más odiaba: una persona de corazón fosilizado... por miedo a ser herido... y a ser amado...